Orgullo Peatonal: ¡El que camina no contamina! PDF Imprimir Correo electrónico
Viernes 07 de Agosto de 2015 01:43

“Orgullo Peatonal” es una categoría que hemos desarrollado con el equipo de la Asociación de Peatones de Quito para referirnos a un conjunto de cualidades que la condición de peatón ofrece, pero que muchas veces no son valoradas ni visualizadas desde la cultura dominante. Es que el paradigma de lo moderno es la eficiencia, y su premisa (el tiempo es oro) se acuñó, precisamente, al son de la invención del automóvil, acabando la revolución industrial que busca producir más, ganar más dinero, acumular más bienes.

Y el automóvil, como objeto, es la síntesis de este pensamiento: una máquina capaz de acortar distancias y tiempos de viaje, volviendo más eficiente el día a día de inversionistas y empresarios, que fueron quienes se beneficiaron, en primera instancia, del nuevo invento. Pero un invento como éste introducido en los espacios urbanos de la época, causó también un fuerte efecto sobre el resto de la sociedad: las calles, fácilmente compartidas entre peatones y carruajes, poco a poco se volvieron espacios más densificados y peligrosos.

El tema se complejiza: con el naciente siglo XX y la masificación de los automóviles (gracias al “modelo T” de Ford, el primero en fabricarse en serie), comienzan las primeras separaciones de vías y reformas urbanas que privilegian un espacio exclusivo para transportarse (encabezadas por la reforma de Le Corbusier, en parís). Las calles pierden su carácter de espacios de encuentro y de vida social; de aquí en adelante la circulación será su única actividad; y cada vez se les asignará más espacio. Se calcula que en la actualidad, en Quito, por ejemplo, el 60% del espacio pertenece a vías motorizadas, según datos de la Cámara de la Construcción[1].

Es reciente entonces (tiene apenas 100 años), la concepción de las calles como espacios exclusivos de circulación. Y menos años tienen los problemas asociados a la masificación del automóvil y a la congestión vehicular: estrés y sus males derivados; contaminación de la atmósfera y efecto invernadero; incremento de accidentes e inseguridad en el tránsito; saturación y sobreocupación de los espacios públicos.

Pero en este último siglo, los problemas derivados del creciente parque automotor mundial han causado un profundo impacto en la sociedad y los ecosistemas. La lista es larga de enumerar, pero nos ayuda a caracterizar las buenas y malas prácticas cotidianas de movilidad (el orgullo peatonal se deriva de ellas).

En primer lugar, las poblaciones, sobre todo de países desarrollados, son más sedentarias que nunca. Los datos son dramáticos: En EEUU, por ejemplo, el 65% de personas tiene problemas de sobre peso y el 30% son obesos; hoy por hoy es un problema de salud pública en el primer mundo; y estas tendencias tienden a repetirse a nivel mundial.

Otro problema es la contaminación del aire, que se ha agravado hasta niveles insospechados. Un ejemplo: es conocida en Santiago de Chile la restricción de circulación de autos, que en días de emergencia por la calidad del aire puede suspender las clases en todos los establecimientos de nivel primario y medio, y prohibir la circulación al 25% de vehículos de toda la urbe. Si cada vehículo emite entre 3 y 5 toneladas métricas de gases nocivos a la atmósfera cada año, calculemos la contaminación que los 1.000 millones de vehículos lanzan al aire cada año en todo el mundo. Súmele otro tipo de contaminación: el ruido. 80% del ruido urbano es causado por automóviles.

La tasa altísima de accidentes es otra consecuencia de la motorización de nuestras urbes. El problema es tan grave, que la principal causa de muerte en niños y jóvenes en nuestro país son los accidentes de tránsito, no la desnutrición o enfermedades. El panorama se repite, sobre todo en el resto de países de la región.

Y podríamos seguir enumerando. Pero la idea en este corto espacio no es esa. La idea es darle la vuelta a estos problemas desde lo que se podrían llamar las “prácticas peatonales” en la movilidad cotidiana: caminatas para distancias cortas; caminatas + bici para distancias medias (entre 1 y 5km); o caminatas + transporte colectivo para distancias largas.

Y es que de nuestra actitud cotidiana depende, en mucho, el agravamiento o la solución de estos problemas. Caminar nos ayuda a relajarnos; disminuye el estrés; previene la osteoporosis; baja el colesterol; tonifica los músculos; contribuye a bajar de peso; nos ayuda a conocer otras personas; nos permite disfrutar del paisaje. El que camina no ocupa espacios ni satura la ciudad; no causa congestión vehicular ni ruido.

Pero sobre todo: el que camina, usa bici y transporte público puede ejercer presión para que las autoridades tomen decisiones a este respecto. Muchas veces son decisiones simples, pero requieren de educación ciudadana. Ciudadanos conscientes y bien informados van a influir en las políticas al respecto. No nos olvidemos que, en Quito, únicamente el 15% de personas usa su vehículo todos los días, pero consume el 80% del presupuesto municipal. Contra esa asimetría es ahora la lucha peatonal. Y el orgullo peatonal es nuestra principal arma. Estamos orgullosos de ser peatones, y de esta forma contribuir a descontaminar y descongestionar nuestras ciudades y nuestro organismo.


[1] Ver: “Producto de Uso Moderado”, Cartilla Educativa, copyleft APQ 2008, en www.peatones.org