La criminalización de los peatones PDF Imprimir Correo electrónico
Lunes 02 de Julio de 2012 00:00
Artículo publicado en Revista Vistazo (Ver Artículo publicado)
A bordo de sus armas/vehículos los conductores consideran que el transeúnte no es un sujeto de derechos. El operativo actual remarca esa condición.

En aparentemente estricto apego a las nuevas disposiciones de la Ley de Tránsito, la imagen más familiar de estos últimos días ha sido la de grupos de 10 o más agentes de tránsito apostados en las esquinas de las principales avenidas, destinados a la espera de citar y multar a los peatones imprudentes o francamente mal educados. Una ley que la mal llamada revolución ciudadana aplica en este caso los mismos criterios de relación con los ignorantes/explotados profesores del magisterio nacional: rompiendo la cuerda por su eslabón más débil, colocando a la educación en un plano posterior al de la sanción.

El Gobierno ama el orden. Pero el suyo, pese a su retórica, es un cierto orden fundado en el anti socialismo y la represión. O para decirlo de otro modo: en eso que muchos capitalistas del siglo XX admiraron del aparato soviético: su capacidad de control. Que es lo mismo que los supuestos enemigos teóricos de Chávez y Correa, tipo Oppenheimer, admiran de la represiva, altamente eficaz e inhumana híper capitalista sociedad china.{jcomments on}
Un cierto orden que, por otro lado, admite acuerdos y entendimientos con los señores transportistas y los señores conductores de buses, es decir: con los eslabones más fuertes del caos. Porque criticar y desmontar este supuesto orden no es una invitación a la nostalgia del tiempo pasado, sino a su análisis y su solución en los planos de la democracia y la igualdad.Evidentemente el peatón tiene responsabilidades dentro de la cadena de la circulación vial, pero también es evidente que el problema central del tránsito en el Ecuador es que ahí rige la ley de la selva. Es decir: la ley del más fuerte, donde el tamaño no es lo de menos, pues el tamaño de tu despropósito, capacidad de ejercer tu prepotencia, es directamente proporcional al tamaño de tu vehículo, por otro lado el rey de esa selva.

No en balde, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, donde las escuelas de conducción se limitan a enseñarte, por cierto: durante un tiempo más largo, a conducir con “precaución y observancia a la ley”, en las de Ecuador los instructores te enseñan a manejar “a la defensiva”. Es decir: siempre a la espera de una agresión. Pero ese manejo a la defensiva, en cuanto adquieres cierta experticia, te permite entender las reglas no escritas pero palpables y visibles de la conducción a la ofensiva.

Un peatón se apresta a cruzar la calle. El disco pare afecta a los automóviles que vienen a su encuentro. El peatón va a cruzar con toda corrección, por la esquina.


Los conductores bajan la velocidad pero no se detienen. Al advertir que no viene ningún otro vehículo por la calle principal se lanzan contra el peatón, que debe regresar como puede a su punto de partida. Cuando éste reclama señalando el disco pare, un conductor, en medio de insultos, le pregunta a los gritos, convencido de su grandeza intelectual: “¿Qué te crees carro?” Este es el problema en la mentalidad de los conductores ecuatorianos: a bordo de sus armas/vehículos, consideran que el ciudadano transeúnte y desarmado no es un sujeto de derechos. Y lo que el actual operativo hace es remarcar/subrayar esa condición.