Más sobre la restricción vehicular PDF Imprimir E-mail
Escrito por Andrés Vallejo   

Publicado en Diario El Hoy del 12 de Enero/2010 (Ver artìculo publicado)

 

 

Eran de esperarse las reacciones al anuncio municipal sobre la implantación del sistema de restricción de circulación vehicular en Quito .

 

Es que afectaría costumbres enraizadas, la visión de que la ciudad debe planificarse para los automóviles y no para la gente, el individualismo generalizado. Porque implican la necesidad de un cambio de actitud, siempre resistido. Un cambio de fondo, que parta de principios solidarios de comportamiento.

 

Solidaridad y disciplina, a la que tan poco acostumbrados estamos los ecuatorianos, y muy especialmente los quiteños, porque toda medida profunda de mejoramiento del servicio público, que debe tomarse, es de largo plazo y, mientras tanto, la ciudad puede colapsar.

 

 

Para que funcione la medida, debemos estar conscientes de que no es posible que la ocupación de cada vehículo sea de apenas 1,2 pasajeros. Y eso requiere organización con los familiares o vecinos o compañeros de trabajo para salir juntos y no ocupar un vehículo cada uno.

 

Los problemas causados por el incremento exponencial de los automotores en la ciudad llevan a una situación insostenible, en la que cualquier restricción es menos grave que la congestión inmanejable, el mal humor que se contagia, la agresividad en aumento, el costo económico de los retardos y el mayor tiempo en las calles, en lugar de trabajar o descansar. Y el costo de mayor consumo de combustible y mayor contaminación. La contaminación en el Distrito Metropolitano está causada, en la mayor proporción, por los gases emitidos por los vehículos. Y no, como se cree generalmente, por los de servicio público.

 

No es que esos no contaminen, sino que el mucho mayor número de los particulares produce mayor emisión de gases. Nos indignamos, y con razón, cuando vemos el humo negro que sale de las chimeneas de los buses de servicio de transporte público, pero no tomamos en cuenta que los de gasolina de uso privado son más de 350 mil, contra alrededor de 1 000 a diésel, cuya calidad, la del diésel, además, deja mucho que desear.

 

Claro que todo eso obliga, desde ya y para que funcione la medida a implementarse, a olvidarnos de que tenemos que estacionar el auto en la puerta de la oficina o dependencia a la que queremos ir, ocupando muchos minutos y dando varias vueltas a la cuadra hasta encontrar desocupado ese sitio que buscamos. A dejar de estacionar en las avenidas, disminuyendo un carril a la circulación. De que los buses se detengan en donde les de la gana. De que debe trasladarse la competencia integral a la Municipalidad para que el manejo de los semáforos y otros aspectos no siga el absurdo de sistemas distintos, descoordinados, manejados por la Municipalidad y la Policía. Un sistema así, para funcionar, requiere de colaboración de la ciudadanía, y no sólo imposición de la autoridad, por lo que el cambio de actitud es indispensable.