El peaton... ¿el eterno "perdedor"? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Karina Gallegos P.   
exhaustUna persona cruza la calle por el paso cebra… de pronto el semáforo cambia   y los carros aceleran. El peatón corre hasta una zona fuera de peligro, y reclama por la prisa innecesaria del conductor que pita y que, furioso, baja el vidrio y  grita “apúrate, perdedor”.

El concepto importado del “loser” gringo se impone, comparando el éxito de ser propietario de una de estas máquinas y el “fracaso” que representa el ir a pie. Por ello, las empresas comercializadoras de automóviles viven en un permanente agosto: el regalo perfecto de la clase media arribista para la graduación de los chicos, el obsequio perfecto de boda, el premio soñado en los programas de concursos. El mayor símbolo dador de estatus en nuestra sociedad: el automóvil de moda.

El carro como dador de estatus contribuye a que sean más visibles las injusticias sociales. El poseer un vehículo privado exalta lo "mío" frente a lo"nuestro", es decir, la ciudad y sus calles. La pertenencia de un vehículo y la consecuente dependencia del mismo producen que una persona busque cada vez más el espacio particular, individualizado y separado de los demás. Los conductores dependientes de su máquina contaminante son superhombres, con sensación de dominio de las vías, de fuerza y de poder, que se convierte abruptamente en aislamiento y falta de solidaridad con el resto de quiteños y residentes en Quito.

Si, es cierto: en mi carro voy más cómodo y no tengo que codearme con el resto de cualquieras que van en bus. Pero, si todos nos moveríamos en autos particulares, no llegaríamos más pronto a nuestros destinos… contribuiríamos al problema del tráfico, y además entorpeceríamos la circulación del transporte público que lleva a 40 o más personas en cada viaje.

Ser quiteño y compartir la ciudad es mostrar el interés por los problemas de Quito, conocer cómo funcionan los transportes públicos; caminarla, como una excusa ideal para ir al trabajo o al centro de estudios dando un paseo, contribuir a que no aumenten los gases que producen el efecto invernadero; ahorrarse preocupaciones, como el precio de la gasolina o el estacionamiento.

Yendo en bus o caminando se puede aprovechar el tiempo que dura el desplazamiento para leer o hacer amigos, llegar al trabajo sin la dosis diaria de estrés que proporciona el conducir por la mañana, escuchar otros ruidos urbanos diferentes el estruendo de los tubos de escape.

Señores de la publicidad adjunta: nosotros, en cambio, lo sentimos por quienes contribuyen a enriquecerlos, y por su falta de conciencia comunitaria, ciudadana, democrática. ¿Sabían que los carros en Quito suman actualmente 400.000, con un promedio de 1 carro para cada dos familias? ¿Pero, que en Quito, vivimos 2 millones de personas, y que todas respiramos y tenemos derecho a caminar una ciudad sin smog, sin ruido de motores, sin tráfico excesivo? ¿Que sus clientes suman únicamente el 25% de la población de nuestra ciudad, y que los que vamos a pie somos el restante 75%?

Somos los, orgullosamente, felices peatones, que seríamos aún más felices con menos carros mal utilizados