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Escrito por Mariño González
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Guadalajara. 7 de septiembre de 2011
Texto leído en el marco del Congreso Carfree, hacia ciudades libres de autos 2011
La vida es un oficio que se ejerce caminando. Desde que tuve uso de razón —es decir, uso de pies— mi madre riñó conmigo por el desgaste y la tortura a los que solía —es decir, suelo— someter al calzado deportivo. Soy hombre de pocas tesis y muchos tenis, y ahora, que ya mayor me corresponde desembolsar cientos de machacantes para cubrir mis enormes pies, entiendo el suplicio de mi progenitora por ser yo, como bien me lo espetaba en mi niñez, un pata de perro. Pero más importante que los gastos —de suelas y de sueldos— es la contemplación. Así, que se gasten los zapatos, que se vacíen los bolsillos y, por supuesto, que fluyan las ideas: la ciudad está ante nosotros y se construye con rostros, imágenes y palabras: los suyos, las de ellos, las de nosotros.
Guadalajara es una ciudad ideal, entonces, para pataperrear. Ideal, que no real, porque el peatón en turno tiene que enfrentar, a cada paso, no pocos peligros. Desde la contaminación, los baches y los automóviles y camiones que cada tanto nos dan la sorpresa, nada grata, de un peatón o un ciclista muerto por sus traspiés —o trasllantas—, hasta los ladrones y los oficiales policiacos que constantemente acechan, las más de las veces sin razón, a quienes nos dedicamos a ejercer nuestro derecho a deambular por las calles, particularmente en horarios nocturnos. Pero más allá de la quejumbre, que mucho de válida tiene, hay que decir que la zona metropolitana de Guadalajara depara no pocas maravillas para el caminante y que los encuentros, la mayoría de las veces, son afortunados.
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Difusión de la ley de Transito: |
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Texto enviado por Maricela Galán Agosto 2011
Para aquellos a los que les interese leer lo obvio.
Sin ánimo de ofender, pero sí con toda la intención de criticar, hoy quiero adentrarme en el tema de la difusión de la ley de transito.
En primer lugar quiero mencionar lo que más me ha impactado de esta ley, y antes de seguir, disculparme si es que mi falta de conocimiento en legislación, no me permite una buena interpretación.
He leído, en el artículo 4, que el Estado obliga a dar educación vial, en forma constante, en las escuelas y colegios públicos privados del Ecuador. No sé si es cierto, pero a mí nunca me la dieron, ni a mis conocidos, amigos, padres, hermanos, ni a mis familiares. ¿Por qué? Sé que deben existir reglamentaciones para las leyes. Y para las reglamentaciones supongo que debe haber algo así como estatutos u órdenes para que se apliquen. Y cuando todo eso exista, supongo que deberán existir también los difusores, a quienes se les deberá dar esas leyes, reglamentos, estatutos y de más para impartir. Pero también supongo que para eso deberán ser personas capacitadas en educación, en métodos pedagógicos adecuados, con experiencia y sobretodo conocedores de la educación vial. Eso quiere decir que deberán ir a escuelas y colegios en dónde se los enseñen, o mejor aún a universidades en las que sea una carrera eficiente. ¿Pero qué pasa si aún no se dan las reglamentaciones para aplicar las leyes?
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¿Prioridad a peatones o coches? |
CON CARRO: Gasta tu plata y conserva tu grasa. CON BICI: gasta tu grasa y ahorra tu plata
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EL MITO, QUITO YA NO TIENE A DONDE CRECER |
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Escrito por Diego Hurtado
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Uno de los mayores problemas de los habitantes de las ciudades actuales, es tener que recorrer grandes distancias para ir del hogar hacia las diferentes actividades de la vida cotidiana. Quito tiene este problema. Su topografía, rodeada de montañas, ha hecho que la ciudad crezca de norte a sur, alargándose considerablemente por más de 40km de largo y apenas 4km de ancho en promedio, agravándose aún más en los últimos años, debido al crecimiento de la ciudad hacia los valles orientales. Se dice que Quito ya no tiene a donde crecer, que por ello hay que poblar los valles y que por lo tanto es inevitable este crecimiento. Voy a tratar en este artículo de demostrar que eso es un mito y que al contrario, sí es posible evitar ese crecimiento desmesurado si se realizan ciertas acciones que dependen de decisión política.
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